miércoles, febrero 07, 2007

Trino Márquez: VERDADES ABSOLUTAS

El joven presidente de Telesur —el mismo que violó las disposiciones establecidas por el CNE el 3 de diciembre, cuando a las 4 de la tarde, sin ningún tipo de autorización legal, anunció los resultados electorales— hablaba en una reciente entrevista de la necesidad que tiene el Gobierno de lograr la hegemonía comunicacional, de modo que el tránsito hacia el socialismo del siglo XXI se facilite y aligere. Dentro de esta línea, el régimen adquirió el Canal Metropolitano de Caracas (CMT) y decidió no renovar la concesión a RCTV. Ahora bien, por lo que se está viendo, al ala más radical del oficialismo no le vasta con controlar los medios de comunicación, ya sea comprándolos, clausurándolos o atemorizándolos. Otra vez retoman con fuerza un viejo ideal: controlar el sistema de enseñanza para implantar la educación comunista. Saben estos revolucionarios que la escuela, junto a la familia y los medios de comunicación, constituyen los principales instrumentos de socialización del ser humano. El ministro de Educación, Adán Chávez, expresó este propósito con meridiana claridad hace algunos días en La Habana. Según sus propias palabras, la revolución bolivariana se propone utilizar las aulas escolares para construir el “hombre nuevo” a imagen y semejanza del Che Guevara.
Conviene aclarar lo de “educación comunista”, pues son términos que se contradicen. La educación, tal como se desarrolla a partir del siglo XIX, cuando comienzan a consolidarse las primeras repúblicas modernas, se caracteriza por ser laica, crítica y alejada de todo culto a la personalidad. Aunque en los colegios públicos de muchas repúblicas se respeta la enseñanza religiosa —y ésta se ofrece como una opción que puede ser tomada por los alumnos—, un rasgo típico de la instrucción es que propicia la búsqueda del saber a través de la investigación independiente, rigurosa y separada de todo dogma o verdad absoluta y preestablecida. La verdadera educación está dirigida a desarrollar la capacidad de conectar de forma eficaz el cerebro con la lengua, las manos y el espíritu. Por eso la psicología y la pedagogía colocan tanto énfasis en la capacidad de describir, asociar, sintetizar, interpretar, comprender. De allí que se insista en la importancia de enriquecer el lenguaje y elevar la capacidad de abstracción mediante las operaciones matemáticas y otras formas de razonamiento abstracto. Una de las columnas vertebrales de la educación moderna se encuentra en la investigación crítica, ésa que somete a revisión los hallazgos anteriores con el fin de empinarse sobre el conocimiento vigente para alcanzar nuevas fronteras. Como la educación no se interesa sólo por las destrezas racionales y verbales, estimula también el valor de la democracia y la libertad, tanto individual como colectiva, el libre albedrío, y la responsabilidad individual en la búsqueda de la convivencia y la resolución de los conflictos, siempre inevitables, de manera pacífica y civilizada. La dimensión ética, asociada a los valores democráticos, a la solidaridad y al respeto por el otro (a la disidencia), también adquieren relieve durante las últimas décadas.
Al revisar la educación que se impartía en la Unión Soviética y en los países de Europa Oriental, en Cuba y en todas las naciones donde se implantan modelos totalitarios, se encuentra que esas características intrínsecas que debería poseer la instrucción, desaparecen o quedan seriamente lesionadas. Una de las áreas que sale más afectada es la enseñanza de la Historia. Dado que los ganadores son quienes escriben la historia, según reza el antiguo y cínico aforismo, ellos narran los acontecimientos de acuerdo con sus propios intereses. En Venezuela el caso más bochornoso es la mistificación, por parte del chavismo, del 4-F, fecha en la que se cometió un delito contra la República y la democracia. Este episodio, junto al 27-N, al Caracazo y a otros acontecimientos similares, ha sido elevado a la categoría de fechas patrias, propicias para exaltar las cualidades del líder.
Esta historia adulterada —en la que personajes bizarros como el Che Guevara, o golpistas como el teniente coronel que dirigió la conjura de febrero del 92, aparecen como héroes épicos— es la que el Gobierno quiere difundir en las escuelas de la nación. Además, el estudio crítico, serio y desapasionado de las distintas corrientes del pensamiento filosófico, científico, económico, social y cultural, se le pretende sustituir por la enseñanza del marxismo leninismo, no como una perspectiva más en la historia del pensamiento, sino como la doctrina que provee certezas inamovibles. Se trata de que los maestros y profesores se conviertan en oficiantes de un credo y los alumnos en sus fieles seguidores. Dentro de esta liturgia, por supuesto que no cabe investigar con rigor los hechos que se encadenan para dar lugar a la asonada militar. Lo único admitido es la apología tanto del cuartelazo como del líder invulnerable y preclaro que lo encabeza.
La tergiversación no ocurre sólo con la Historia. También afecta al resto de las ramas del saber. La Economía, por ejemplo, se divide entre la Economía Política marxista y la Economía Neoliberal salvaje. Todos los matices, la riqueza que ha producido esta disciplina desde Adam Smith y David Ricardo hasta la actualidad, quedan anulados por esa parcelación maniqueísta y empobrecedora. La Sociología se ve comprimida a los clichés de Martha Harnecker y Heinz Dieterich. En Biología no sería extraño que desempolvaran las “teorías dialécticas” de Lysenko, que tuvieron como resultado final, luego del entusiasta apoyo de la nomenclatura soviética, la destrucción casi total y definitiva de la agricultura rusa. La “ciencia proletaria y socialista” se contrapondrá a la “ciencia burguesa” en un vano afán por demostrar la superioridad de aquella.
Los chavistas están echando mano de enfoques tan añejos y reaccionarios, que sólo porque uno los ve en vivo y directo, se ve obligado a creer que esto ocurre ya entrado el siglo XXI.

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