sábado, diciembre 30, 2006

Gerver Torres.: GALLUP EN CUBA

En días pasados, Gallup hizo pública una encuesta que, de manera prácticamente clandestina, logró hacer recientemente en Cuba. Solo podía haber sido realizada de manera encubierta pues, como se sabe, los regímenes totalitarios prohiben o limitan enormemente cualquier instrumento que revele las opiniones y preferencias de sus ciudadanos; de allí el misterio que envuelve a estas sociedades.
Los resultados de la encuesta, que compara las sociedades urbanas de Cuba y de la América Latina, son extremadamente interesantes.
De un lado, aparece la satisfacción que los cubanos tienen con algunos componentes importantes de su vida social. Así, por ejemplo, 78 % de los encuestados se muestra satisfecho con el sistema educativo, versus 59% promedio para Latinoamérica; 75% se muestra a gusto con el sistema de salud, versus 57% promedio para la región, y solamente 5% reporta haber sido asaltado en los últimos doce meses, versus 16% promedio para América Latina. Esos son los aspectos que parecieran funcionar bien, porque luego están los componentes de la libertad, la esperanza, la democracia, la modernidad, y muchos otros aspectos relativos a la calidad de vida, en los que Cuba se muestra largo rato a la cola de la región. Sin duda, el tema más impactante es el relativo a la libertad: solo 25% de los cubanos se encuentra satisfecho con la libertad de la cual disfruta para hacer lo que quiera, versus 80% promedio de la región; y ese, por cierto, es el porcentaje más bajo de satisfacción, no solo de la región, sino de los 100 países en los cuales Gallup hace la misma encuesta. El porcentaje cubano está incluso por debajo de Zimbabwe (32%) y Etiopía (30%), por lo cual es fácil concluir que el régimen cubano ha de estar entre los más represivos del planeta.
La misma frustración se aprecia cuando se pregunta sobre la posibilidad que tiene la gente de utilizar sus habilidades y talentos tanto como desearía: sólo 34% de los cubanos responde afirmativamente, en comparación con un 66% promedio para la región.
En materia de vivienda e infraestructura algunos datos llaman la atención: 51% está satisfecho con la situación de vivienda, comparado con 80% para la región; y sólo 9% manifiesta satisfacción con el sistema de transporte, versus 56% para América Latina.
El rezago tecnológico y la desconexión con el mundo tiene distintas maneras de medirse; pero una de ellas es el acceso a Internet. En Cuba, apenas 1% de la población cuenta con acceso a Internet, frente al 24% promedio de la región.
Pero los intentos por mantener desconectada a la gente de lo que pasa en el mundo y por canalizarlos ideológicamente, tienen también sus limites. A pesar de décadas de campaña contra los Estados Unidos por parte del régimen cubano, sus habitantes siguen viendo al vecino del norte como una referencia. Un 44% piensa en ese país como el socio comercial ideal, frente a un 17% que menciona a China, en segundo lugar.
Una manera de ver el balance final que hacen los cubanos de la revolución es a través del juicio que emiten sobre el liderazgo del país. A pesar del temor con el cual pueden contestar a una pregunta tan comprometedora, un 53% lo desaprueba (40%) o no contesta (13%). Si bien esos porcentajes de aceptación o desaprobación son corrientes en una democracia, no resultan aceptables para una dictadura. Con estas respuestas, se entiende porque no se permiten las encuestas.

gerver@liderazgoyvision.org

viernes, diciembre 29, 2006

2007: HAY QUE PASAR LA PÁGINA

Estimados amigos en Venezuela y el mundo:

Esta puede ser la última edición de Ideas de Babel en 2006... o la primera de 2007. Todo depende si la leen antes o después de Noche Nueva.

Pero lo más importante reside en la necesidad de pasar la página de 2006 y comenzar a escribir la historia de 2007.

Para celebrar el nuevo año les propongo mi visión de las 10 mejores películas estrenadas en Venezuela a lo largo de 2006. Como toda lista, se trata de un conjunto subjetivo, tal vez insuficiente. Alguien podría decir que faltó tal o cual título y es verdad.

Por ejemplo, en esta decena no entraron memorables películas como Munich, de Steven Spielberg, Crash, de Paul Haggis, El secreto de la montaña, de Ang Lee, Capote, de Bennet Miller, o El jardinero fiel, de Fernando Mireilles, todos filmes de alto interés, sin duda. Pero se trataba de elegir sólo diez de las 193 estrenadas entre el 1 de enero y el 31 de diciembre.

Tal vez mi selección sorprenda a algunos, pero en definitiva, repito, se trata de mi visión subjetiva.

Donde sí vamos a estar de acuerdo es en la necesidad de construir un 2007 de forma más productiva, coherente y satisfactoria.

Feliz 2007.

Alfonso



jueves, diciembre 28, 2006

Cine: LAS 10 MEJORES DE 2006

VOLVER (España, 2006), de Pedro Almodóvar. Con Penélope Cruz, Carmen Maura, Lola Dueñas. Blanca Portillo, entre otros. Distribuida por 20th Century Fox. Estrenada el 10 de noviembre.
Almodóvar no deja de impactarme y no me canso de descubrirlo. Con los años ha ganado en madurez creadora, especialmente desde Todo sobre mi madre, Hable con ella y La mala educación, tres obras que han indagado en la importancia del vínculo materno-filial y en las afectividades masculinas y femeninas. Volver marcó un evocador retorno a las raíces de su infancia y al territorio de una desoladora nostalgia. Después de una carrera notable, heterodoxa e irregular, el cineasta español realizó un acto de confesión íntima que funcionó como una suerte de coartada de toda su obra. Pero sobre todo es un ajuste de cuentas personal expresado a través de una poética de gran belleza. Es la historia de un fantasma que planea sobre las vidas de un grupo de almas femeninas errantes que se identifican con los rasgos básicos de todo ser humano. Es el fantasma de la madre, pero no sólo de la figura materna, como emblema universal, sino de la madre del propio Pedro Almodóvar. No se trata de un cuento unívoco y lineal, sino de un recorrido laberíntico, zigzagueante, nervioso y hasta frenético que, de forma paradójica, mantiene la coherencia tanto estilística como temática. El realizador recorrió espacios humanos, reconoció rostros, rescató sonrisas y miradas, con un estilo absolutamente personal, como obra inequívocamente suya. Penélope Cruz volvió a demostrar lo buena actriz que puede ser cuando trabaja con un buen director y un buen guión y Carmen Maura impresionó por su fuerza expresiva. La actriz fetiche de Almodóvar regresó por sus fueros. Por su parte, Lola Dueñas y Blanca Portillo completaron el reparto central de una obra que ha logrado atraer hasta a los más indiferentes alrededor de una visión sobre un mundo de mujeres. Se presentó inicialmente en el Festival de Cine Español y es, sin duda, una de las grandes de 2006.


LA PROVOCACIÓN (“Match Point”, Reino Unido y Estados Unidos de América, 2005), de Woody Allen. Con Scarlett Johansson. Jonathan Rhys Meyer, Brian Cox, Emily Mortimer, Alexander Armstrong y Morne Botesentre otros. Distribuida por 20th Century Fox. Estrenada el 5 de mayo.
Me quito el sombrero ante Woody Allen al ver La provocación, film que marcó su renovación temática y estilística, tras abandonar Manhattan y establecerse en Londres para narrar la historia de un trepador social que alcanza sus objetivos a través de la afectividad y el engaño. Narra la historia de Chris es un tenista profesional encuentra trabajo como profesor de tenis para personas de la alta sociedad londinense, lo que le permite conocer a un joven y fatuo miembro de esa clase, cuya hermana se enamora del tenista y lo introduce en la empresa familiar y acabará casándose con él. El ascenso social de Chris le lleva a alcanzar casi todo aquello que puede desear, aunque se siente atraído por la novia de su cuñado, con la que mantendrá una turbia y sórdida relación. Allen es implacable con sus personajes y no deja nada en pie. Lo hace de una forma sutil pero determinante. Cada acción, cada diálogo y cada encuendre se encuentran perfectamente articulados. Es un agudo estudio del oportunismo que me recordó a ratos el Bel ami de Guy de Maupassant. Otra de las grandes del año que vale la pena volver a ver.


LA CAÍDA (“Der untergstang”, Alemania, 2004), de Oliver Hirshbiegel. Con Bruno Ganz, Alexandra Maria Lara, Corinna Harfouch, Ulrich Matthes. Distribuye: Cinematográfica Blancica. Estrenada el 3 de febrero.
Una película tremenda, implacable, que me impactó de manera desbordante, como lo hizo con muchos espectadores. El film del joven cineasta alemán Oliver Hiurshbiegel reconstruye los últimos días de un régimen nefasto en abril de 1945. Un psicópata se desploma y con él se hunde un país, una sociedad, una cultura, un modelo político. Hitler y su círculo de confianza se atrincheraron en su búnker y allí estuvo Traudl Junge, una joven secretaria personal del Führer, que plasma la identificación del caudillo con el pueblo alemán. La caída presenta a un Hitler, interpretado magistralmente por Bruno Ganz, que es capaz de mostrarse colérico, egocéntrico e incapaz de reconocer sus propios errores a la vez que puede mostrar preocupación por el destino de algunos de sus subordinados o felicitar a una cocinera por su guiso. Un ser que, rayando en la locura, planea ataques imaginarios con tropas que ya no existen mientras los soviéticos estrechan el cerco. Todo esto mientras envejece ante los ojos del espectador según va tomando conciencia de su final y se arrastra como una bestia herida dentro del búnker mientras planea su propia muerte. No obstante, Hirschbiegel no se planteó la justificación de sus crímenes bajo esta “visión del hombre”. Por el contrario, escudriña en su vida para comprender la dimensión del drama humano colectivo que impulsó desde su miseria íntima. La caída provocó la discusión, pero nadie pudo serle indiferente.


EL HIJO PERDIDO (“Betty Fisher et autres histories”, Francia, 2001) de Claude Millar. Con Sandrine Kiberlain, Nicole Garcia, Mathilde Seigner. Distribuye: Cines Unidos. Estrenada el 3 de marzo.
El maestro francés Claude Millar presentó una película insólita, muy humana y, sobre todo, trasgresora de cualquier orden moral. Me gustó mucho por su forma de presentar un drama tradicional desde un punto de vista innovador. Tras la muerte de su hijo Joseph, la novelista Betty Fisher entra en una oscura depresión. Con la esperanza de resolver su situación, su madre Margot —enajenada de forma traumática para ella y los suyos— secuestra otro niño, José, en un intento de reemplazar a su nieto fallecido. José es primero rechazado y luego aceptado por Betty, pero su verdadera madre lo busca con la ayuda de su novio y algunos de sus secuaces. Una mezcla de cine negro con narración intimista que explora territorios no usuales y plantea dilemas sobre la maternidad. La afectividad y la oportunidad de actuar en el momento preciso y con la coherencia de quien sabe que está haciendo lo correcto. Me pareció un derroche de inteligencia y sensibilidad en el marco de una cartelera habitualmente mediocre. El hijo perdido llegó a Venezuela con cinco años de atraso pero mantiene su calidad intacta. Se presentó en el XX Festival de Cine Francés.


EL MÉTODO (España y Argentina, 2006) de Marcelo Piñeyro. Con Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Eduard Fernández, Pablo Echarri, Ernesto Alterio, Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Natalia Verbeke. Distribuye: Cines Unidos. Estrenada el 10 de noviembre.
Los que la vimos presenciamos un combate feroz entre ocho personas por algo más que un puesto de dirección en una empresa multinacional en el Madrid contemporáneo. Asistimos un ejercicio crítico sobre un modelo de conducción gerencial que adquiere características más amplias y con mayores riesgos. El realizador argentino Marcelo Piñeyro asumió el reto de adaptar la muy exitosa obra del dramaturgo catalán Jordi Galcerán para convertirla en El Método, que amplía de cuatro a siete los personajes que se someten a un proceso de selección para trabajar en una importante empresa. Se les somete a insólitas y misteriosas pruebas que determinarán quién es el mejor para el cargo, en una especie de darwinismo laboral. Una guerra despiadada entre soldados de un mismo bando, ejecutada en batallas sucesivas que degradan el rol profesional de un gerente y le confieren el carácter bestial de la lucha del más apto. ¿El más apto para qué? El film se desarrolló con el trabajo de un grupo de actores excelentes –Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Eduard Fernández, Najwa Nimri, Eduardo Noriega, Ernesto Alterio, Natalia Verbeke, Pablo Echarri— que sabe comunicar las contradicciones de esta guerra gerencial que no deja nada en pie. Se estrenó en el marco del Festival de Cine Español.


OLDBOY (“Oldboy”, Corea del Sur, 2003) de Chan-wook Park. Con Choi Min-sik, Woo Ji-tae, Gang Hye-jung, Chi Dae-han, Oh Dal-su y Kim Byoung-ok, entre otros. Distribución: Films sin Fronteras. Estrenada el 22 de septiembre.
Sorprendente, conmovedora, chocante, revulsiva, admirable. Todos estos adjetivos son perfectamente aplicables a Oldboy, la bizarra película del surcoreano Park Chan-wook que hace tres años se alzó con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes en 2004 y que por un par de semanas conmovió a quienes la vimos en Caracas. Tras montar un vergonzoso escándalo público, Oh Dae-Su, un hombre de mediana edad, borracho, es secuestrado y mantenido en cautiverio durante quince años sin saber por quién y, sobre todo, por qué. No hay explicaciones, tampoco motivos aparentes. Al cumplirse la “condena”, Oh Dae-Su es liberado y descubre que tiene sólo cinco días para ejecutar la venganza que ha venido rumiando a lo largo de tres quinquenios. Cinco días que revelan cómo se ha convertido en una suerte de bestia que lleva adelante su misión con Mi-Do, la chica que le acompañará en su búsqueda. Ojala la vuelva a programar. Puedo confirmarles que se trata de uno de los relatos de acción y misterio más reveladores y contundentes que he visto en los últimos años. Sólo pido que la vuelva a proyectar porque mucha gente no pudo verla.


NUEVE VIDAS (“Nine lives”, EEUU, 2005) de Rodrigo García, con Kathy Baker, Amy Brenneman, Elpidia Carrillo, Glenn Close, Stephen Dillane, Dakota Fanning, William Fichtner, Lisa Gay Hamilton, Holly Hunter, Jason Isaacs, Joe Mantegna, Molly Parker, Sissy Spacek, Robin Wright Penn. Distribución: Embajada de EEUU. Estrenada el 14 de julio.
Después el éxito de crítica de su recordada Las cosas que puedes decir con sólo mirarla (2000) y del reconocimiento a su dirección en varios capítulos de series de TV como Six Feet Under, The Soprano y Carnivàle, Rodrigo García —cineasta colombiano asentado primero en México y luego en Los Ángeles e hijo de Gabriel García Márquez, lo cual es lo menos importante— abordó la excelente Nueve vidas, obra que juega con el tiempo real y el tiempo cinematográfico —a la manera de Hitchcock— pero con un toque personal que trasciende el uso el plano secuencia. Tan sólo cuatro días de exhibición en Caracas —en el marco del IV Festival de Cine Independiente de EEUU— tuvo esta pequeña joya del cine intimista que logra articular —en poco menos de dos horas— nueve historias vividas por nueve mujeres diferentes en sus actividades y entornos sociales pero muy similares en el campo de la afectividad. Lo cual equivale también a decir que estamos ante el trabajo de —como mínimo— nueve grandes actrices norteamericanas. Film de gran fuerza emotiva y de una esencia femenina fundamental, merece ser descubierto por aquellos que no pudieron verla en julio pasado. Me encantó.


EL NOVENO DÍA (“Der Naunte Tag”, Alemania, Luxemburgo y República Checa, 2004) de Volver Schlondorff. Con Ulrich Matthes, August Diehl, Bibiana Beglau, Hilmar Thate, Germain Wagner Jean-Paul Raths e Ivan Jirik. Distribuye: Cinematográfica Blancica. Estrenada el 1 de junio.
El director de El Tambor de hojalata y otras grandes obras del cine lemán de las últimas cuatro décadas, presentó este drama sobre las interioridades del holocausto a partir del dilema moral y ético de un sacerdote luxemburgués —que atiende a los prisioneros de Dachau— enviado a su país por el joven oficial alemán del campo de concentración para pedirle a su obispo que no continúe atacando al régimen nazi. Lo que se está negociando es la vida de miles de seres humanos. Schlondorff logró un film de intensa fuerza dramática que encontró un nuevo ángulo al viejo tema del dominio y la locura del nazismo. Es otra de las que vale la pena volver a programar.


BUENOS DÍAS NOCHE (“Buongiorno, notte”, Italia, 2003), de Marco Bellocchio. Con Maya Sansa, Luigi Lo Cascio, Pier Giorgio Bellocchio, Giovanni Calcagno, Paolo Briguglia, Roberto Herlitzka. Distribuye: Gran Cine. Estrenada el 4 de enero.
A partir del secuestro y la posterior muerte del líder democratacristiano Aldo Moro, en 1978, Marco Bellocchio propuso una interpretación de aquel hecho abominable que cambió la política italiana desde la perspectiva de los miembros de las Brigadas Rojas que ejecutaron la acción. No le interesó volver a contar la acción guerrillera urbana sino interpretar —sobre el libro de Anna Laura Brughetti— las relaciones que se establecieron entre el dirigente político y sus captores en un momento muy difícil para la democracia italiana, vistas desde la perspectiva de una chica militante cuya vida cambia de forma medular. Al final, la película se convierte en una incisiva crítica al liderazgo político de la Italia de aquellos tiempos. Maya Sansa, quien estuvo en Caracas para presentar la película, y Roberto Herlitzka ejecutaron actuaciones muy sólidas. Se estrenó en el marco de Festival de Cine Italiano.


LA FIESTA DEL CHIVO (“The Feast of the goat”, Reino Unido y España, 2005) de Luis Llosa. Con Tomás Milian, Isabella Rossellini, Paul Freeman, Juan Diego Botto y Stephanie Leonidas, entre otros. Distribuye: Cinematográfica Blancica. Estrenada el 12 de octubre.
Confieso que me aproximé a La fiesta del chivo, del peruano Luís Llosa, con tres temores. El primero: cuando leí la apasionante novela de su primo Mario Vargas Llosa me pareció bastante difícil la posibilidad de llevarla al cine. El segundo: las películas previas de Llosa han sido bastante menores. El tercero: nunca me han gustado las producciones con temas, personajes o ambientes latinoamericanos habladas en inglés.Tampoco las polacas, francesas, italianas o japonesas habladas en inglés. Entonces, entré a la sala con más desdén que interés. Pero me encontré con una obra inteligente, bien estructurada, que supera los obstáculos de ciertos códigos comerciales y se sitúa como una interpretación del autoritarismo desde una perspectiva contemporánea. La memoria de Urania Cabral —la mujer que regresa a República Dominicana en 1992 después de treinta años para saldar una vieja cuenta con su padre— dio sustento a la ficción que Vargas Llosa propuso para comprender de una forma más íntima la sanguinaria dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. En el film de Llosa, en cambio, los recuerdos de Urania conforman parte importante de su nervio central pero su estructura narrativa fundamental depende más de la fuerza del personaje del dictador y de la preparación del atentado que costó la vida a Chapita, el mismo que posibilitó el tránsito a otra etapa política dominicana —también muy sangrienta— que se disfrazó de democracia bajo la égida de Balaguer. Muy buena actuación de Tomás Milian. Se estrenó en el marco del Festival de Cine Español.

lunes, diciembre 18, 2006

SUMARIO 18-12-06

Señoras y señores, llegó la Navidad.
  • Después del sacudón del 3 de diciembre —tanto para la oposición como para las fuerzas del gobierno— la sociedad venezolana intenta un reacomodo o —por lo menos— un receso, un período de calma, un refugio temporal. Llegó la Navidad.
  • Por eso abrimos esta edición con una nota sobre el nuevo restaurante Yantar, en Caracas, seguida por una visión sobre Casino Royale, el film que ha dado un giro en la trayectoria de un icono de la cultura popular desde hace cuatro décadas: James Bond.
  • En el campo político hallamos una interesante visión de Silvia Dioverti sobre el concepto de sombra aplicado en la obra de Carl Gustav Jung, a propósito de esta nueva situación que vivimos los venezolanos.
  • Nos pareció adecuado incluir el análisis que hace Iñaki Anasagasti, senador en la Cortes Generales por el Partido Nacionalista Vasco, quien conoce muy bien el proceso político venezolano desde hace varias décadas.
  • A propósito de una confesión del presidente Lula, Gerver Torres reflexiona un poco sobre las condiciones del socialismo en la América Latina de hoy. En esa misma dirección Trino Márquez hace lo propio, en una especie de balance de la situación venezolana en comparación con otros mandatarios latinoamericanos de izquierda.
Espero lo disfruten.

Alfonso

Culinaria: LOS PLACERES DEL YANTAR

Desde hace algunos años, Barcelona le viene disputando a Lyon —en Francia— y San Sebastián —en España— la condición de capital gastronómica de Europa. Poco a poco, las ansiadas estrellas Michelin comenzaron a cubrir el mapa culinario de toda Cataluña y ciudades como Barcelona y Gerona, por ejemplo, se convirtieron en lugar de peregrinación de quienes buscan la luz de la innovación culinaria. Restaurantes, escuelas de cocina y laboratorios de sabores dieron paso a los autores de la cocina catalana moderna —Santi Santamaría, Ferrán Adriá, Jean Roca, Carlos Gaig— mientras algunos locales devenían en santuarios de la tradición y la innovación: El Dorado Petit, El Bullí, El Celler de can Roca, Sant Pau, el Racó de can Fabes, Via Venetto, etcétera. Más allá de las modas y las tretas del mercadeo, los cocineros catalanes han impuesto una modernidad en la culinaria que comienza su expansión mundial.
No hace una década, la merideña Tatiana Mora y el caraqueño Enrique Limardo llegaron —por separado— a esa Barcelona gastronómica. Allí se formaron profesionalmente y comenzaron a trabajar en restaurantes como el Gaig, de Carlos Gaig, y el Ruccula, de Joan Pique, ambos distinguidos con una estrella Michelin, entre otros locales. Este encuentro fue decisivo para definir el tipo de cocina que querían desarrollar. Se apropiaron de los sabores catalanes y de las técnicas de innovación europeas, pero la memoria gustativa hacía de las suyas y exigía una transformación más personal. De estas necesidades surgió un planteamiento que si bien no es cocina tradicional catalana —como la entenderían las abuelas de Tarragona o la Barceloneta— sí rescata sus esencias para hacer una cocina moderna.
De la Ciudad Condal salieron —juntos— Tatiana y Enrique a conducir los fogones del restaurante estelar del elegante hotel The Cliff, en Barbados, para luego mudarse a la Riviera Maya y trabajar en el Hotel Bahía Príncipe, en Cancún. Pero los años de lejanía de Venezuela, los condujeron a regresar. Aquí montaron el recordado Páprika, que durante un par de años sedujo a los comensales que acudían al C.C. La Lagunita con esa combinación de culinaria de raíz catalana con ciertos toques venezolanos.
De La Lagunita, Tatiana y Enrique saltaron a la Cuadra Gastronomía de Los Palos Grandes, donde presentan su propuesta más desarrollada bajo el nombre de Yantar, un restaurante que reúne lo mejor de dos mares: los sabores del Mediterráneo con los matices del Caribe. Un planteamiento que sorprende, que tiene la firma de lo auténtico, que puede presentar un plato muy sencillo al lado de uno mucho más elaborado. Una propuesta en pleno desarrollo que va ganando adeptos en un local que apuesta por innovación culinaria, la profesionalización del servicio y el equilibrio de precios. El tratamiento que otorgan a la muy tradicional pisca andina es seductor a la luz de la cocina catalana, mientras una clásica pechuga de pato cede a la tentación de sutiles láminas de cambur muy venezolanas. Aves, pescados, carnes maduradas —al lado del plátano, el maíz, el papelón— se sumergen en las aguas de la búsqueda culinaria. Es una experiencia interesantísima. La carta de vinos es adecuada pero siempre puede ser desarrollada con los aportes del Penedés. Yantar tiene apenas una semana de abierto y desde ya promete un crecimiento creativo importante.

Calificación: 8/10.

YANTAR Restaurante. Cocina de raíces catalanas con ciertos aportes venezolanos. Cuadra Gastronomía de Los Palos Grandes, Caracas. Teléfonos: (212) 285.3722 y 286.8080.

viernes, diciembre 15, 2006

Cine: UN MITO SE TRANSFORMA

Cuarenta y cuatro años después del estreno de Dr. No (1962), el mito cinematográfico de James Bond cobra un giro importante en Casino Royale, la vigésima primera película de la serie, no sólo porque presenta a un nuevo intérprete —el inglés Daniel Craig— sino porque regresa a cierta brutalidad sangrienta que el escritor Ian Fleming impuso a su personaje cuando lo creó en 1953. Aquel primerizo agente 007 era —literalmente— un asesino a quien le está permitido legalmente matar... por el bien del Reino Unido. Este nuevo James Bond cinematográfico —bajo la batuta de Martin Campbell, responsable de las últimas películas del Zorro— se parece a esa máquina de aniquilación original, lo cual lo diferencia de los otros cinco actores que les ha tocado la suerte —o la desventura— de interpretar al mayor icono de los servicios de inteligencia británicos. Carece de la elegancia de Sean Connery o Pierce Brosnan —sin duda, los mejores Bonds—, se distancia de la frialdad de Timothy Dalton, es indiferente a la ridiculez de dandy de Roger Moore y, desde luego, tiene mayor personalidad que aquel anodino George Lazemby, que sólo protagonizó una película para perderse en el olvido. Este Bond deja de comportarse como una mera franquicia y se revela más auténtico. Es más... asesino.
Las motivaciones son iguales. Lo que cambia es el enemigo. Tras el fin de la Guerra Fría, el campo de batalla se traslada al terreno del terrorismo. Ya no se trata de lidiar con agentes soviéticos o chinos, tampoco de combatir a fanáticos religiosos, sino de controlar la acción letal de mercenarios que actúan en un mundo globalizado. Violencia y manipulación económica son las característica del contrincante de turno, Le Chiffe, un operador financiero que trabaja con fondos de caudillos africanos. Desde luego, la acción se desplaza desde el terreno más rudo —en Madagascar, por ejemplo— hasta el sofisticado casino de la nueva república de Montenegro, donde aparecen las bellas mujeres de rigor y las muestras del lujo característico del personaje. Bond incurre en la irreverencia de pedir "escocés con soda" —qué vulgaridad— y delata sus veleidades con respecto a su ex clásico martini, pues ahora lo toma con ginebra Gordon's y más tarde con vodka Stolichnaya. Engulle beluga con vodka como si fuese a pasar de moda y desprecia un buen burdeos. Pero lo más insólito es que este hombre es envenenado en la mesa de póquer, es víctima de un paro respiratorio al cual sobrevive milagrosamente, gana 120 millones de dólares a su enemigo, destruye su Aston Martin en siete volteretas para salvar a su amada, recibe duro castigo en sus testículos y, no obstante, logra escapar de la suerte, todo esto en menos de seis horas. ¿Qué tal?
Por su parte, Daniel Craig es un apreciado actor de la escena teatral británica que apenas había trabajado en algunas películas —la Munich de Spielber, por ejemplo, en la que hace de agente del Mossad israelí— y ahora parece condenado a continuar la saga de 007. Le llegará su momento de escapar a la serie, como le sucedió a Connery, para volver a ser un gran actor.
En 1967, el maestro John Huston acometió la primera adaptación de Casino Royale, desde la perspectiva de la farsa y con el protagonismo de David Niven, Peter Seller y hasta Woody Allen, quienes interpretaron varias versiones del mismo Bond. Toda una burla que valdría la pena volver a ver.

Calificación: 6/10

CASINO ROYALE ("Casino Royale"), Reino Unido, República Checa, Alemania y Estados Unidos, 2006. Dirección: Martin Campbell. Fotografía: Phil Méheux. Montaje: Stuart Baird. Música: David Arnold. Elenco: Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Jeffrey Wright, Judi Dench, Giancarlo Giannini y Caterina Murino, entre otros. Distribución: Cinematográfica Blancica.

Gerver Torres: LA CONFESIÓN DE LULA

El presidente Brasileño ha hecho una cándida confesión: ya no es más de izquierda; es más bien un socialdemócrata.
La confesión, que ha generado controversias —aquí y allá— no hacía falta. La obra de su gobierno habla por sí sola. Es la de un socialdemócrata, como lo es también la de Bachalet y lo fue la de Lagos en Chile, por citar otros ejemplos de dirigentes que proceden de partidos llamados socialistas, pero cuyas ejecutorias los sitúan en otros terrenos ideológicos. En verdad, el único gobierno y modelo socialista de la región es el de Cuba.
El elemento que define la naturaleza socialista de un régimen o un modelo de sociedad es la propiedad estatal sobre los medios de producción. No puede hablarse de socialismo en ausencia de ese elemento. Si la propiedad se hace totalmente colectiva y no estatal entonces estaremos en presencia de un modelo comunista. Pero es siempre el elemento de la propiedad y control sobre los medios de producción lo que le asigna el carácter comunista, socialista o capitalista a un modelo de organización social. Un régimen de propiedad mixta no es un régimen socialista; si así fuera, el planeta entero podría ser declarado socialista.
En Venezuela, donde Chávez insiste en un socialismo del siglo XXI que nadie —ni el mismo— parece saber en qué consiste, valdría la pena dar esta discusión. ¿Es la propiedad estatal plena de los medios de producción lo que quieren para Venezuela o es acaso que simplemente quieren utilizar el nombre de socialismo para designar cualquier otra cosa?
Hasta ahora los intelectuales chavistas han rehuido el debate sobre el tema. Cuando escriben o hablan en público, escogen asuntos laterales, teniendo cuidado de no abordar la gran definición que su máximo líder esta proponiendo para el país.
Por eso, a riesgo de sólo ver aumentar nuestras canas, me sumo al reclamo reiterado de Emeterio Gómez, para dar esta discusión.

Gerver@liderazgoyvision.org

Iñaki Anasagasti*: LA MÁS IMPORTANTE VICTORIA DE CHÁVEZ

El resultado de las elecciones del 3 de diciembre en Venezuela recoge una estructura electoral completamente viciada y fraudulenta, que pretendía corregirse apelando a la modificación de las condiciones electorales. Cuando la dirección opositora aceptó concurrir sin condiciones, sobre la base de la idea de que con votos podía derrotar el fraude, se planteó -ahora se ve- un objetivo inalcanzable.
Esa estructura —Registro Electoral, cedulaciones, cazahuellas, maquinitas, presiones, listas fascistas, etc.— permite mucho más que el ventajismo clásico de un sistema imperfecto; es un plan diseñado rigurosamente para que el gobierno gane y la oposición pierda. No será así siempre; pero, así es ahora.
En beneficio del razonamiento que sigue, supóngase que Chávez sí obtuvo los resultados del CNE, avalados por la dirección opositora. Las implicaciones de esta situación son tremendas. Significa que el movimiento construido alrededor del Presidente se ha convertido en un fenómeno estructural de la sociedad venezolana; no es un hecho electoral, ni siquiera meramente político, sino que es algo más. Sería la expresión de fuerzas sociales nuevas, más poderosas que las antiguas, que encuentran su propulsión y también su expresión en Chávez.Más aún, esa votación indicaría que la derrota opositora no es producto de una circunstancia azarosa, sino de la incapacidad de entender a la sociedad emergente y mayoritaria. Si las cosas sucedieron de ese modo, la principal tarea no sería agitar un país que no se entiende, sino salir a entender un país que no se conoce.
Chávez
ha obtenido una doble victoria. Una, que nunca soñó, fue la legitimación, dada esta vez no por sus amanuenses en los poderes públicos, sino por la dirección de la oposición; la segunda, fue un mandato para realizar su proyecto socialista, dentro de lo cual la idea del consenso con la oposición es esencialmente imposible, y ya el Presidente asomó la contraseña. Se dirá que los ciudadanos no saben qué es el socialismo del siglo XXI y que Chávez no se los explicó. ¡Pamplinas! Lo que ha recibido el caudillo reelecto es un mandato para hacer lo que él quiere y en la forma en la que lo quiere. Por lo tanto, resulta una ingenuidad pensar que va a haber un diálogo que cuestione el proyecto del régimen. El cuento del diálogo es una película repetida, lo cual no impide que la Comisión Técnica designada por Rosales se convierta en centro de denuncia y concientización.
La oposición logró unirse en torno a un solo candidato, no se retiró del proceso y entre tanto, a vuelta de poquísimas semanas, logró "calentar la calle" con manifestaciones que no se veían desde aquel abril del 2002, mucho más de lo que habían logrado algunos melancólicos fierabrás que convocaban sin el menor éxito a ese calentamiento.

Por último, last but not least, se dio a la oposición la oportunidad de mostrar su propio músculo: cuatro millones bien redondos de electores. La política seria comienza cuando se habla en millones, decía Vladimir Ulianov, el mismísimo Lenin.
No se debe ocultar el hecho de que la oposición está atravesando el desierto y abril del 2002 y diciembre de 2006 son apenas oasis, pero no la llegada a Canaán, esa tierra de leche y miel. Porque ya lo dijo en el momento acaso más dramático de su vida León Blum, la política es un juego severo donde no todos los aciertos se cobran pero todos los errores se pagan doble.

Tampoco Chávez ganó su reelección el 3 de diciembre de 2006, y menos limpiamente. Lo hizo gracias a uno de los más escandalosos fraudes perpetrados en una América Latina que no los está, que se diga, estrenando. Pero el error de la parte más alborotada de la oposición está en confundir fraude con manipulación de los resultados.

Chávez
no necesitó falsear las cifras del tres de diciembre, pues ya el encargo estaba hecho, por la acción delincuencial de Francisco Carrasquero y Jorge Rodríguez, junto con otros cómplices también premiados con munificencia. Fueron ellos quienes manipularon el registro electoral, prohijaron las listas Tascón y Maisanta, las cedulaciones express, las nacionalizaciones del mismo tipo y celeridad, los cambios injustificados de domicilio. Pero eso no fue obra de un día, sino de ocho años de delitos que en una democracia decente, les hubiera costado cárcel, devolución de sus sueldos mal habidos y una capitis deminutio.
Ellos sí se dieron cuenta (y lo han dicho) de que el fraude no estaba contenido en la manipulación de los resultados, sino en el obsceno ventajismo oficial.

Con todo, hay que insistir, Chávez perdió. En primer lugar, a él le interesaba mucho menos la victoria en las urnas que hacerle perder a los venezolanos la confianza en el voto como arma de combate democrático: no lo pudo, ni tampoco los abstencionistas que tanto lo ayudaban en eso.

No logró como hubiese querido, transformar la venezolana en una democracia plebiscitaria ("diez millones" Chávez, cero la oposición) como paso previo a la dictadura totalitaria. No logró hacerle perder legitimidad a la oposición, pues no hay en este país ni en ninguno cuatro millones de "oligarcas" ni cuatro millones de golpistas.

Pero sobre todo, que debe contar que esos cuatro millones que apoyaron a Rosales, han encontrado en éste el líder por el que clamaban para conducirlos por un camino sembrado de obstáculos hacia la victoria.

* Senador en la Cortes Generales de España por el Partido Nacionalista Vasco

Trino Márquez: EL PLANO INTERNACIONAL

La campaña electoral pasada arrojó, en distintos planos, un saldo altamente positivo para la oposición democrática. Ese resultado pudo apreciarse en la actitud de la gente luego de que el Consejo Nacional Electoral anunciase los resultados de la consulta, pero sobre todo después de las acertadas ruedas de prensa e intervenciones de Manuel Rosales, Teodoro Petkof y Leopoldo López. Ni la frustración ni la depresión afectaron a la inmensa mayoría de quienes habían votado por el gobernador del Zulia. Salvo algunas cuantas mentes afiebradas, que viven de las fábulas y han perdido todo sentido de la realidad y la responsabilidad, y se han dedicado a alimentar versiones extravagantes de lo que ocurrió en esa jornada, la gente reaccionó reconociendo que la oposición es minoría y que el futuro democrático habrá que construirlo sobre la base de mucho tesón y muchos aciertos.
Los dos principales partidos opositores que surgieron de la consulta del 3 de diciembre son Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia. Considero poco probable que estas dos agrupaciones decidan fundirse en una sola organización, al menos en el corto plazo. UNT es de orientación socialdemócrata, mientras PJ apunta más hacia una posición de centro liberal, aunque su directiva se resista a asumir de forma desembozada una definición ideológica con ese perfil (o con cualquier otro). En el futuro cercano lo previsible es que ambas agrupaciones se dediquen a tallar sus vértices programáticos, y a precisar las acciones a partir de las cuales enfrentarán ese capricho delirante de Chávez llamado “socialismo del siglo XXI”. Un proyecto hegemónico de dominación total —como el que pretende implantar el autócrata— no puede encararse con éxito sin una visión, también global, de lo que debe ser la nación. Dentro de esta cosmovisión resulta muy importante la dimensión internacional, ámbito al que, debido a la celeridad y al poco tiempo de la campaña, la oposición no pudo prestarle la debida atención durante el capítulo electoral.

Pasada la página, y habiendo entrado en una nueva etapa de resistencia y lucha, la oposición, especialmente Manuel Rosales, tiene que resaltar el enorme significado de este aspecto para impedir que Venezuela se convierta en un territorio a total merced de un caudillo como Chávez, que se mueve dentro de un modelo cuyas coordenadas están definidas por el colectivismo, el militarismo, el populismo autoritario y todos los demás componentes que cuestionan la democracia.
Si bien es cierto que el comandante vive obsesionado por la idea de convertirse en el sucesor de Fidel Castro, razón por la cual sobrevalora su peso en el continente y en el planeta, hay que admitir que su estrategia ha alcanzado algunos logros importantes. Hoy su figura es conocida y reconocida entre las más destacadas de la izquierda radical en el globo terrestre. Esta presencia, obtenida con la chequera petrolera, le ha ganado apoyo y popularidad entre los grupos que en América Latina, Europa y otras partes del mundo, siguen considerando el capitalismo como un régimen económico inhumano y a los Estados Unidos como encarnación del oprobio. Todavía más: Hugo Chávez ha demostrado habilidad para ganarse o neutralizar a figuras como Lula y Michelle Bachelete, jefes de Estado situados en el terreno de la socialdemocracia, el Estado de Bienestar y la centro izquierda. Además, Lula y Bachelete creen firmemente en la democracia como un sistema que permite renovar los poderes públicos y rotar los gobiernos, creencia que se evaporó de la mente de Chávez hace mucho tiempo o, lo más probable, en la que nunca creyó.

Manuel Rosales necesita consolidarse como un líder nacional con proyección continental. Es inconveniente que el hombre de Sabaneta siga actuando como si fuese el único líder del país que merece ser conocido por la comunidad internacional. Los límites domésticos en los que ha tenido que actuar la oposición, y que no pudo trascender Rosales, hay que superarlos. La batalla contra el esquema autoritario y anacrónico que propone Chávez hay que trasladarlo también al plano multinacional. Fuera de nuestras fronteras es muy poco lo que se sabe de los afanes hegemónicos y de la autocracia que se ha venido tejiendo en Venezuela desde hace ocho años. El costoso lobby que paga el gobierno y la complicidad de la prensa e intelectuales a que siguen admirando a Fidel Castro y la revolución cubana, han tendido un manto que oculta lo que realmente ocurre en el país. Afuera se desconoce que todo el poder del Estado está concentrado en el primer mandatario; que no existe ni la menor independencia ni equilibrio entre los poderes públicos; que la riqueza petrolera y PDVSA —la principal empresa del país y en teoría propiedad de todos los venezolanos— son manejadas a discreción por el presidente de la República; que las Fuerzas Armadas han sido sometidas a un agresivo programa de politización y desprofesionalización; que el Gobierno trata de convertir el sistema educativo en un vasto instrumento para la fanatización y el culto a la personalidad; que hay presos políticos, igual que en Cuba; y que los medios de comunicación y la libertad están permanentemente amenazadas por un mandatario cuya vocación de poder es insaciable.
Esta realidad es ignorada, mientras los epígonos del régimen hablan de una nueva democracia participativa y de un sistema social más justo que les ha permitido a los pobres asumir el papel protagónico que la democracia anterior les negaba. Inversiones y distorsiones que deben combatirse con una presencia más dinámica en la esfera internacional.


Silvia Dioverti: JUNG, LA SOMBRA Y NOSOTROS

HOMO HOMINIS LUPUS
El hombre es un lobo para el hombre.
(Asinaria, II, 4, 88)

Para muchísima gente la palabra sombra no evoca más que aquella que todo cuerpo sólido proyecta al situarse frente a la luz. Para Carl Gustav Jung y su psicología de las profundidades representa uno de los arquetipos de la psiquis humana. En él estarían contenidos los deseos que, más débiles y menos adaptados, permanecen fuera de la consciencia, constituyendo así lo que se conoce como subconsciente individual. En términos generales podríamos decir que en la sombra “se encuentra lo que es reprimido por la persona porque ella lo considera como negativo, pero también aquello que es despreciado porque lo considera sin valor respecto a su individualidad.” Y, claro está, hay también una sombra colectiva.
El tema es arduo y no puede ser reducido a las dimensiones de este artículo. Sin embargo, para aquellos interesados en adentrarse en los vericuetos —no siempre agradables— del psiquismo humano, saber de su existencia es una condición sine qua non.
Conocer la propia sombra es, según Jung, una tarea que demanda paciencia y coraje. Conocerla significa desnudar ante nuestros propios ojos aquello que celosamente nos ocultamos y ocultamos a los demás. La envidia, el egotismo, el odio, los celos, todos los sentimientos considerados moralmente inconvenientes son “archivados” en ese espacio más allá de la consciencia y, por irresueltos, constituyen un fuerte y permanente drenaje de energía. En los sueños ese arquetipo aparecerá siempre como del mismo sexo del soñante y asumirá actitudes que, en la vigilia, nos horrorizarían. O podrá, según el caso, mostrarnos aptitudes positivas que, por razones socialmente inconvenientes, no nos atrevemos a asumir: un flamante abogado hubiera tenido excelentes posibilidades como poeta o músico, pero, adiestrado por otros intereses externos a su verdadera esencia, habrá dejado en la sombra toda su creatividad.
Cuando a Jung se le preguntó si habría Segunda Guerra Mundial, contestó: “Depende de cuántas personas sean capaces de conciliar sus opuestos, de contactar su sombras”. Pues si la sombra individual proyecta sobre el otro todo aquello que la personalidad consciente se niega a aceptar como propio, la sombra colectiva no hace menos; en ese momento y para los alemanes del hitlerismo, la sombra colectiva estaba representada por los judíos.
Esa mala costumbre tan humana de proyectar afuera lo que llevamos dentro es, pues, vieja y dura de roer. En Estados Unidos, por ejemplo, la sombra sigue estando representada por las no tan minorías de color y lengua, entre algunas otras.
Tradicionalmente el venezolano ha sido bastante menos purulento a la hora de proyectar su sombra colectiva. Acuñó, es cierto, ese —mitad burlón, mitad excluyente— “musiú” para definir, en general, a todo aquel no nacido en estas tierras, sobre todo si el tal “musiú” tenía ciertas actitudes desvalorizantes respecto a lo autóctono. Pero hasta ahí. Hoy la sombra colectiva del venezolano, como si ya no fuera difícil en sí misma, se ha bifurcado. No es una, son dos. ¿Qué ven los chavistas en los opositores que tantos los horroriza? ¿Qué ven los opositores en los chavistas que los engrincha de esa manera? ¿Será, pues, cierto, que todos y cada uno le endilgamos al otro aquello que somos incapaces de reconocer dentro de nosotros mismos? ¿Tendrán muchos de los opositores, en duermevela y medrando en la oscuridad, un pequeño caudillo autoritario que no ha encontrado la manera de manifestarse? ¿Tendrán por los excluidos ese alzamiento de hombros vocalizado en el coloquial “me sabe a casabe”? ¿Será cierto que detrás de muchos chavistas no hay otra cosa que un gran resentimiento, una desmedida envidia? ¿Y cómo vino esto a polarizarse de manera tan aguda?
Necesario es reconocer que el papá y la mamá de Hugo Chávez Frías no son sólo aquellos de quienes heredó los apellidos. Los verdaderos padres del fenómeno son, con excepciones, los cuarenta años de atrás, esos en los que un ministro podía robarse, impunemente, trescientos millones de dólares y montar una agencia de viajes en Londres. Los ocho años transcurridos, y los que vienen, ¿de quiénes o qué serán los progenitores?
Hoy, como ayer, por demasiado que nos pese a muchos de ambos lados, Venezuela sigue siendo un botín repartido entre algunos pocos. La sombra colectiva y fraccionada de los venezolanos nos advierte, con demasiada claridad, de qué lado cojeamos. Renegar a priori de las buenas ideas sólo porque no vienen del lado en el que nos situamos, negar que existe y ha existido en este país un desequilibrio social, rechazar al otro, vituperarlo, acosarlo, privarlo de su derecho humano a disentir, es hacerle el caldo gordo a esa sombra colectiva que terminará por devorarnos a unos y otros, convertida, definitivamente, en ese lobo de Plauto que todos llevamos por dentro.

Nota bene: en el artículo de la semana pasada, La evolución de las pueblas, hay una fe de errata: debe leerse “sotto voce y no tan sotto voce”; “y en ese entonces “por ahora” y en espera de un tiempo en que las cosas...”

sábado, diciembre 09, 2006

Política Ficción: ¿QUÉ ES LO QUE ESTAMOS CELEBRANDO?...

...además de la Navidad, digo yo. Ustedes disculpen, pero ahora —después del 3 de diciembre resulta que las cosas son como me repetía mi abuelita Gertrudis cuando yo era un adolescente: "mire mijito, lo mejor es lo que pasa". A juzgar por el tono y los contenidos de los textos y las declaraciones de algunos analistas políticos allegados a la oposición, estoy a punto de convencerme que la victoria de Chávez el domingo pasado era lo que necesitábamos en la oposición.
The Washington Post editorializó el viernes pasado de manera sorprendente y hasta vergonzosa: "ahora la oposición venezolana es creíble". ¿Antes no lo era? ¿Por qué lo es ahora y antes no? Los cientos de miles de ciudadanos que marcharon en las calles de Venezuela antes del 3-D ¿no eran creíbles? ¿Es necesario que un editorialista de The Washington Post lo escriba para que sea cierto?
En contraposición, a un periodista de The Financial Times que vino a cubrir las elecciones le pareció extraño que el presidente Chávez
—ya proclamado por el CNE— haya dicho en su rueda de prensa que "no habrá pacto con la oposición". Él, sabiamente, se pregunta ¿quién se lo pidió? Es como la esposa que llega a casa y le dice a su marido: "no te he sido infiel".
"Ahora la oposición está legitimada", argumentan algunos. ¿Quién la legitima y como para qué? "Ahora la oposición está organizada", opinan otros. ¿Dónde están los vínculos políticos y organizativos de la oposición con el tejido social venezolano? Creo que la oposición estuvo organizada electoralmente —de cara a los comicios del domingo pasado— y cumplió su rol unitario en apenas cuatro meses, con mucho esfuerzo y voluntad, pero no está organizada a mediano y largo plazo como movimiento político. "Ahora la oposición tiene un líder", concluyen los más optimistas. ¿Quién decreta ese liderazgo? ¿Es obra de la buena voluntad de la dirigencia? ¿Alguien le ha preguntado a los 4 millones que votaron por el candidato de la oposición? No tengo nada en contra de Manuel Rosalesincluso voté por él y defendí sus votos en una mesa electoral— pero creo que es demasiado pronto para decretar un liderazgo "legitimado". Todos sabemos que esos 4 millones de votos se nuclearon alrededor de la idea de salir de Chávez. Pero, ¿cuál es el proyecto de país de Rosales? ¿Cómo unimos a Bandera Roja con Primero Justicia? ¿De qué forma dotamos a la oposición de una personalidad política propia, que no tenga que definirse como "antichavista" para tener vigencia?
Le verdad verdadera es que el domingo pasado sufrimos —con o sin fraude, con o sin trampas, pero siempre con ventajismo— una terrible derrota que fortaleció las posiciones del gobierno en todos los espacios. Hoy Chávez es aún más fuerte que antes. Si los escandalosos porcentajes que anuncia el CNE son reales —todavía nadie ha demostrado lo contrario pero sigo sin poder creerlos— estamos frente a una vergonzosa derrota. Pareciera que 8 años de gobierno no han erosionado a Chávez y que la oposición ha retrocedido incluso con respecto al referendo revocatorio del 15 de agosto de 2004. Eso —seamos francos— es una brutal derrota.
Las derrotas exigen explicaciones. Debemos preguntarnos en qué nos equivocamos, dónde falló el vínculo con los ciudadanos —que son mucho más que simples electores— y cómo presentamos un proyecto de país a millones de venezolanos que sea racionalmente adecuado y afectivamente posible. Es obvio que hay que introducir correcciones en nuestras conductas políticas. Hay que comprender sin prejuicios los procesos sociales y políticos. Hay que identificar las insuficiencias de nuestra dirigencia. Y no hay peor ciego que quien no quiere ver.
Hay otra cosa que me llama la atención: los que deberían estar celebrando
—el pueblo chavista, sus bases sociales, sus dirigentes— no lo hacen. Salvo la "coronación" por parte del CNE y los discursos de rigor, no ha habido una gran fiesta de la revolución. Raro, ¿verdad?
Para abordar esta paradoja desde varios puntos de vista he incluido las opiniones que esta semana han expuesto, en distintos medios, Álvaro Vargas Llosa, Rafael Osío Cabrices, Silvia Dioverti, con una interesante óptica femenina, Trino Márquez, Teódulo López Meléndez y, en el campo económico, Orlando Ochoa.
Ah, se me olvidaba. También les ofrezco mi crítica sobre El nuevo mundo, el más reciente film del norteamericano Terrence Malick.
La verdad es que lo único que podemos celebrar es la Navidad.



Álvaro Vargas Llosa: VENEZUELA O EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO

A menudo me preguntan, desde distintos países, por qué un gobierno tan autoritario y corrupto como el de Hugo Chávez sigue ganando elecciones. En mis cinco viajes a Venezuela desde que Chávez llegó al poder hace ocho años, he llegado a la conclusión de que muchos venezolanos padecen un síndrome de Estocolmo, ese estado de dependencia psicológica que desarrolla la víctima con respecto a su secuestrador.
Como todos los dictadores “revolucionarios”, Chávez ha edificado su legitimidad a partir del descrédito del pasado. Los cuarenta años de democracia (1958-1998) que lo precedieron fueron más libres y menos corruptos que su régimen, pero las muchas deficiencias de aquella etapa fueron suficientes para persuadir a un vasto segmento de la población de que el gobierno democrático era una hoja de parra que disimulaba la apropiación de la riqueza petrolera por parte de los partidos políticos, la burocracia y la élite empresarial.
Este sentimiento comenzó a tomar forma, lentamente, en los años 70 y alcanzó su apogeo fines de la década del 90. Para entonces, la percepción general era que en las dos décadas previas los venezolanos privilegiados habían robado a los pobres una riqueza petrolera calculada en 250 mil millones de dólares.
Una mirada objetiva a los últimos ocho años nos dice que el saqueo ha sido mucho peor bajo el gobierno de Chávez. Los ingresos petroleros durante ese período probablemente suman $180 mil millones (las cifras exactas son inasequibles: la empresa petrolera estatal no publica balances financieros desde 2003). La pobreza no ha caído de forma significativa, y una nueva élite, más cursi que la anterior, ocupa su lugar.
Como dice Gustavo Coronel, ex representante de Transparencia Internacional en Caracas, en un detallado informe sobre la podredumbre del régimen actual publicado por el Cato Institute, “la corrupción ha dominado el gobierno de Hugo Chávez como nunca antes en la historia de Venezuela”.
Pero la relación entre buena parte del pueblo venezolano y Hugo Chávez no tiene nada que ver con el análisis objetivo. La percepción de que Chávez es un redentor que vino a rescatar a los venezolanos de su pasado permitió al caudillo deshacerse de casi todos los contrapesos democráticos mediante referendos, elecciones e imposiciones que colocaron a las instituciones --desde el Congreso hasta la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Nacional Electoral-- bajo su control personal.
Luego se apoderó de la riqueza petrolera y otras fuentes de ingresos, y duplicó la deuda nacional. Por ejemplo, varios miles de millones de dólares han sido transferidos desde la compañía petrolera y el banco central a un fondo de “desarrollo” denominado Fonden y a un banco de “desarrollo” llamado Bandes que responden únicamente al “señor Presidente”.
En suma, Chávez ha secuestrado a la nación. Millones de venezolanos han pasado a depender para su sustento de los programas asistenciales conocidos como “misiones”. Esos programas, que ya existían aunque con menor presupuesto, han colocado a los beneficiarios, políticamente hablando, a merced de las autoridades.
Muchos ciudadanos están convencidos de que su propio futuro depende de las dádivas antes que de la creación de riqueza. Cualquiera que se oponga al gobierno es visto por ellos como una agente de la vieja élite decidido a arrojarlos a los lobos.
Súmese a esto la sistemática prostitución del padrón electoral. El registro incluye 17 millones de votantes, una cifra surrealista en un país de 26 millones de personas en el que más de la mitad de la población es menor de edad. La campaña para inscribir a los extranjeros comenzó hace dos años, cuando Chávez, que enfrentaba un referendo revocatorio, ofreció la ciudadanía a cientos de miles de inmigrantes colombianos.
Desde 2004, el padrón electoral ha crecido diez veces más rápido que en los años previos. Quienes firmaron el petitorio hace dos años quedaron expuestos en sitios de Internet en los cuales el gobierno reveló sus nombres. Muchos de ellos sufrieron luego represalias en sus lugares de trabajo y tuvieron dificultades para renovar sus documentos de identidad.
Todo esto explica, en buena parte, el que Chávez siga ganando elecciones. Pero hay algo más: la cultura “caudillista”, es decir la identificación irracional con un autócrata que funge de padre putativo ante muchos de sus compatriotas: ellos interpretan el mundo exterior a través de sus ojos.
La politización de la sociedad venezolana mediante la sofocante intromisión del Estado ha reducido el sentido del espacio en la psicología de muchos ciudadanos, del mismo modo que el secuestrador reduce el espacio de su víctima. Nada existe fuera de esa relación para la víctima mientras el secuestrador tenga el dominio de su espacio vital.
Hasta que factores internos o externos comiencen a debilitar esa dependencia, Chávez seguirá disfrutando del respaldo suficiente para mantener a raya a sus numerosos pero impotentes adversarios.

viernes, diciembre 08, 2006

Rafael Osío Cabrices. AHORA, A ADENTRARSE EN LA NUBE ROJA (1)

Muy bien. Ya lo aceptamos. Quiero decir, la mayoría de la minoría que somos parece coincidir en que:
a) nos ganaron en buena lid, no mediante un fraude, aunque hubo unas cuantas irregularidades que sin embargo no decidieron la elección. El chavismo es mayoría, pura y dura, clarísima e irrebatible, y hay que dedicarse a entender sus razones, su visión de las cosas, no desde la paranoia o el desprecio, sino desde la curiosidad y el respeto. Aunque ellos no tengan el menor respeto por nosotros.
b) pese a que nuestro candidato, Manuel Rosales, perdió, tanto él como buena parte de su equipo pueden reclamar varios importantes logros: evitaron la pérdida de vidas humanas al reconocer pronto la derrota, reforzaron el camino de moderación y de recuperación de la política verdadera que había caracterizado a la campaña, recuperaron buena parte del entusiasmo que parecía perdido a principios de año y debilitaron considerablemente el motto de la propaganda chavista en cuanto a que la oposición venezolana tiene una naturaleza insurreccional y golpista.
c) las actitudes predominantes entre nosotros, me parece, son dos: qué dolor tan grande que nos derrotaron y ya no hay nada que hacer sino defenderse o emigrar, o hay que tener esperanza y prepararse para seguir luchando y para convencer a los que aún no están convencidos.
d) último pero no menos importante, se aisló a los radicales; hoy, no son muchos los que se atreven a divulgar en público teorías conspiratorias sobre un fraude que no existió, como esa descabellada historia según la cual secuestraron a la familia de Rosales o aquella otra en la que la oposición vendió su derrota a cambio de un retiro organizado del chavismo en los próximos dos años. Y a los abstencionistas que levantan su dedito y mascullan "se los dije", casi nadie parece prestarles atención. Digo todo esto sin tener un buen estudio de opinión a mano, por supuesto, sino basándome en lo que escucho por teléfono, en persona y por radio, y lo que leo en la prensa, en mi buzón electrónico y en la mayoría de los comentarios en este blog.
Hecha esa cuenta, miremos ahora a lo que parece levantarse en nuestro horizonte.
Primero, hay que notar que lo que va a empezar a ocurrir ha sido anunciado, y ese anuncio ha sido respaldado por la mayoría. Respaldado conscientemente, quiero decir. Más de siete millones de personas le dijeron a Chávez: "dale que no viene carro".
Como han dicho varios observadores, Chávez fue bastante claro en lo que estaba prometiendo. El que votó por él, o el que se negó a votar en su contra, no lo hizo a ciegas, me parece. Sí, muy poca gente en esta nación desinformada sabe con precisión qué significan socialismo y reelección indefinida, y qué son Irán y Cuba y Corea del Norte, y qué significa comprar 100.000 fusiles en lugar de equipos de diálisis o casas prefabricadas o cloacas. Pero, insisto: Chávez dijo con mucha claridad y frecuencia que quería el voto para profundizar la revolución, cambiar el modelo de propiedad, reformar la Constitución, dirigir por completo la economía y la educación, cubrir los espacios de poder que áun no domina. Eso de que votaron por él por ignorancia o por ingenuidad, lo siento, pero no me lo creo. Votaron por el Chávez militar, grosero y hegemónico que quiere gobernar hasta al menos 2021. No por ninguna otra cosa. Esto no fue 1998, cuando Chávez era relativamente desconocido que podía decir a cada auditorio lo que éste quería escuchar; hoy, ocho años después, no veo cómo puede engañar a nadie. Como parto de que la gente, en general, no es idiota, asumo que han votado las mayorías por Chávez con los ojos bien abiertos. Con la creciente violencia, con gente viviendo en las barrancas del Guaire, con Vargas devastado, con gente clavándose a un árbol para conseguir vivienda, con Isaías Rodríguez cobrando un sueldo por mentir e Iris Varela demandando a Avior por 500 millones y Juan Barreto diciéndole marico a todo el que es su enemigo ... con todo eso delante de los ojos, la mayoría votó por Chávez.
Esas mayorías pueden estar muy convencidas de que han hecho lo correcto. En mi opinión, e imagino que en la de muchos de ustedes, están equivocadas. Sí, las mayorías se equivocan. Sí, siete millones de personas pueden equivocarse. Ha pasado muchas veces; se equivocaron al elegir muchos malos gobernantes en nuestro pasado. Se equivocaron con Hitler, con Mussolini, y se han equivocado con Fidel.
A esa mayoría, hay que rebajarla. Convertirla en minoría. Para salir de este drama, para dirigir al país por el camino del desarrollo y no el de la autodestrucción, es preciso, es imprescindible que los que no creemos en Chávez, los que no queremos seguir sosteniéndolo en el poder, seamos los más, los que contemos.
Eso implica conversar, convencer gente. En grandes cantidades.
Ojo, yo no sé cómo hacerlo. No sé muy bien cómo responderle a Janet, la chavista de excelente ortografía que me ha dejado largas e injuriosas (para variar) diatribas en los dos post anteriores. No logro sacarme de la cabeza la angustia de que, si la misma realidad no los convence, cómo zipote los puede convencer uno.
Pero se me ocurre que hay varias cosas que podemos intentar. Varias maneras de conseguir entender esa nube roja que rodea al caudillo y que le da éxito: la nube retórica que ha conseguido el milagro, un milagro que ya dura ocho años, de consolidar más y más en el poder a un gobierno que tiene como rasgos predominantes (fuera de algunos destellos de eficiencia y de bondad, ya hablaremos de eso) la ineficacia, la corrupción y la crueldad.
El chavismo es, más que todo, propaganda. Discurso. Más que dinero, más que fuerza, el chavismo es labia. Labia magnífica, que crea una realidad falsa, un mundo de artificio en el que las cosas están mejorando y en el que el mismo Dios, para no habar de Bolívar, parece tener un puesto en el consejo de ministros.
Esa ilusión, esa colosal impostura, hay que destruirla. Hay que decir no sólo que el emperador está desnudo, sino que cojea, suda, huele mal y tiene el pipí chiquito.
Adentrarse en la nube roja, la nube de gamelote y mentira, y airearla para que deje de ocultar, ante las mayorías, la verdadera apariencia de autoritarismo, intolerancia y mediocridad que mueve, más que otra cosa, a la casta que hoy gobierna Venezuela.
¿Cómo? Para entrar en detalle sobre eso, es preciso otro post.

jueves, diciembre 07, 2006

Cine: UNA LEYENDA AMERICANA

A sus sesenta y seis años, Terrence Malick constituye un caso muy particular en el cine norteamericano. Es un director que goza de un inmenso prestigio, a pesar de que su filmografía hasta hace dos años constaba sólo de tres filmes. Ahora son cuatro. Debutó hace exactamente treinta y tres años, en 1973, al realizar Badlands, una road movie que se convirtió en una de las películas de culto de esa década y que lanzó a la fama inicial a Sissy Spacek y Martin Sheen, al recrear los crímenes cometidos por Caril Fugate y Charley Starkweather a finales de los años cincuenta. Siete años después, en 1980, sorprendió con una intensa historia romántica, Días de gloria, protagonizada por Richard Gere y tal vez su película más celebrada. Luego mantuvo un silencio cinematográfico de diecisiete años, hasta que en 1997 estrenó La delgada línea roja, un film coral basado en la novela de James Jones y protagonizado por grandes actores de Hollywood, que se sumergió en la anegadas aguas de la II Guerra Mundial, casi simultáneamente con Salvando al soldado Ryan, de Steven Spielberg, pero con una postura diferente, nada heroica y muy crítica de los mandos militares. Y ahora, ocho años después, presenta El nuevo mundo, una interpretación muy personal de una leyenda americana de esas que llaman originaria… por no decir endógenas: la leyenda de Pocahontas.
A principios del siglo XVII llegó a la costa este de lo que hoy es Estados Unidos una flotilla de buques con 103 hombres provenientes de Inglaterra para establecerse como colonos y llevar a los nativos la cultura y la religión cristiana. Con ellos vino
encadenado un insumiso joven de veintisiete años llamado John Smith, a quien esperaba el patíbulo por desobediencia. Smith, por razones anecdóticas, es liberado y busca ayuda entre los indígenas de la zona y así conoce a una chica que ostenta el nombre de Pocahontas, que significa "juguetona". En poco tiempo, según la leyenda, surgió el amor entre Smith y Pocahontas y también el encuentro de dos mundos y los conflictos entre dos formas de entender la vida. Una historia que hace unos años The Walt Disney Company convirtió en film de animación con rotundo éxito. No esperen la misma clase de film.
Malick es un realizador muy peculiar que maneja el lenguaje cinematográfico como soporte de escenas de gran belleza plástica y de intensa expresividad dramática. En El nuevo mundo trabajó con el excelente director de fotografía mexicano Emmanuel Lubezki para construir la atmósfera apasionada del encuentro entre Smith y Pocahontas, que se amplía hacia horizontes insospechados. Los encuadres y los movimientos de la cámara construyen ese tono intimista y grandioso, a la vez, que transforma una historia de amor en la premonición de un nuevo orden mundial, donde los habitantes originarios de este continente por descubrir sufrirán la devastación y la incomprensión. Estamos hablando de una obra poética que reclama un ritmo particular, alejado de los cánones comerciales.

Las actuaciones de Colin Farrel —como un John Smith lleno de dudas y angustias, tan distinto al de Disney—, Christian Bale —como el mercante John Rolfe, el rival involuntario de Smith—, Christopher Plummer —como el áspero capitán Newport— y la muy joven y hermosa Q’orianka Kilcher —como Pocahontas— son estupendas. Conforman un elenco de primera que habita un film que no se parece a muchos. El nuevo mundo es otro reto de Malick o quizá habría que decir que un nuevo capricho de su autor. Lo importante es que se trata de un realizador que se toma muy en serio el cine y que propone visiones muy distintas al espectador.

Calificación: 7,5/10

EL NUEVO MUNDO (“The New World”), EEUU, 2005. Dirección y guión: Terrence Malick. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Montaje: Richard Chew, Hank Corwin, Saar Klein y Mark Yoshikawa. Música: James Horner. Elenco: Colin Farrell, Q'Orianka Kilcher, Christopher Plummer, Christian Bale, August Schellenberg, Wes Studi, David Thewlis, Yorick van Wageningen, Raoul Trujillo, Michael Greyeyes, entre otros. Distribuye: Cinematográfica Blancica.