viernes, diciembre 15, 2006

Cine: UN MITO SE TRANSFORMA

Cuarenta y cuatro años después del estreno de Dr. No (1962), el mito cinematográfico de James Bond cobra un giro importante en Casino Royale, la vigésima primera película de la serie, no sólo porque presenta a un nuevo intérprete —el inglés Daniel Craig— sino porque regresa a cierta brutalidad sangrienta que el escritor Ian Fleming impuso a su personaje cuando lo creó en 1953. Aquel primerizo agente 007 era —literalmente— un asesino a quien le está permitido legalmente matar... por el bien del Reino Unido. Este nuevo James Bond cinematográfico —bajo la batuta de Martin Campbell, responsable de las últimas películas del Zorro— se parece a esa máquina de aniquilación original, lo cual lo diferencia de los otros cinco actores que les ha tocado la suerte —o la desventura— de interpretar al mayor icono de los servicios de inteligencia británicos. Carece de la elegancia de Sean Connery o Pierce Brosnan —sin duda, los mejores Bonds—, se distancia de la frialdad de Timothy Dalton, es indiferente a la ridiculez de dandy de Roger Moore y, desde luego, tiene mayor personalidad que aquel anodino George Lazemby, que sólo protagonizó una película para perderse en el olvido. Este Bond deja de comportarse como una mera franquicia y se revela más auténtico. Es más... asesino.
Las motivaciones son iguales. Lo que cambia es el enemigo. Tras el fin de la Guerra Fría, el campo de batalla se traslada al terreno del terrorismo. Ya no se trata de lidiar con agentes soviéticos o chinos, tampoco de combatir a fanáticos religiosos, sino de controlar la acción letal de mercenarios que actúan en un mundo globalizado. Violencia y manipulación económica son las característica del contrincante de turno, Le Chiffe, un operador financiero que trabaja con fondos de caudillos africanos. Desde luego, la acción se desplaza desde el terreno más rudo —en Madagascar, por ejemplo— hasta el sofisticado casino de la nueva república de Montenegro, donde aparecen las bellas mujeres de rigor y las muestras del lujo característico del personaje. Bond incurre en la irreverencia de pedir "escocés con soda" —qué vulgaridad— y delata sus veleidades con respecto a su ex clásico martini, pues ahora lo toma con ginebra Gordon's y más tarde con vodka Stolichnaya. Engulle beluga con vodka como si fuese a pasar de moda y desprecia un buen burdeos. Pero lo más insólito es que este hombre es envenenado en la mesa de póquer, es víctima de un paro respiratorio al cual sobrevive milagrosamente, gana 120 millones de dólares a su enemigo, destruye su Aston Martin en siete volteretas para salvar a su amada, recibe duro castigo en sus testículos y, no obstante, logra escapar de la suerte, todo esto en menos de seis horas. ¿Qué tal?
Por su parte, Daniel Craig es un apreciado actor de la escena teatral británica que apenas había trabajado en algunas películas —la Munich de Spielber, por ejemplo, en la que hace de agente del Mossad israelí— y ahora parece condenado a continuar la saga de 007. Le llegará su momento de escapar a la serie, como le sucedió a Connery, para volver a ser un gran actor.
En 1967, el maestro John Huston acometió la primera adaptación de Casino Royale, desde la perspectiva de la farsa y con el protagonismo de David Niven, Peter Seller y hasta Woody Allen, quienes interpretaron varias versiones del mismo Bond. Toda una burla que valdría la pena volver a ver.

Calificación: 6/10

CASINO ROYALE ("Casino Royale"), Reino Unido, República Checa, Alemania y Estados Unidos, 2006. Dirección: Martin Campbell. Fotografía: Phil Méheux. Montaje: Stuart Baird. Música: David Arnold. Elenco: Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Jeffrey Wright, Judi Dench, Giancarlo Giannini y Caterina Murino, entre otros. Distribución: Cinematográfica Blancica.

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