
El miércoles 27 de junio los periodistas marcharemos por la libertad de expresión acompañados por otros gremios, los sindicatos, los ciudadanos de a pie y por esa inmensa legión de jóvenes —universitarios, liceistas, trabajadores, buhoneros, desempleados— que conforman hoy la vanguardia de la rebelión que no cesa. Hace un mes el Gobierno cerró RCTV y desató las iras de la ciudadanía. Iras que no se aplacan. Los estudiantes han dicho que no se replegarán hasta que sea devuelta la señal de la televisora más antigua de Venezuela. El Gobierno no quiere echar atrás su decisión. Los estudiantes, los periodistas y la sociedad civil tampoco. Está trancado el juego.
Hoy tenemos dos Venezuelas separadas por el capricho de un hombre, en la mayor demostración de absolutismo. Un caudillo que en vez de conciliar busca la confrontación con el más claro lenguaje militarista. Un gobernante sordo ante las exigencias de un pueblo. Un hombre solitario que ya no goza de la aprobación de quienes cifraron sus esperanzas en él. Tampoco de la Unión Europea ni de los miembros del Mercosur. Sin él la revolución se la llevará el viento. Algún día Chávez será eso: lo que el viento se llevó.
Hoy tenemos dos Venezuelas separadas por el capricho de un hombre, en la mayor demostración de absolutismo. Un caudillo que en vez de conciliar busca la confrontación con el más claro lenguaje militarista. Un gobernante sordo ante las exigencias de un pueblo. Un hombre solitario que ya no goza de la aprobación de quienes cifraron sus esperanzas en él. Tampoco de la Unión Europea ni de los miembros del Mercosur. Sin él la revolución se la llevará el viento. Algún día Chávez será eso: lo que el viento se llevó.
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