Así las cosas, mientras tenía lugar en Venezuela el fraudulento proceso electoral que finalmente reeligió, en diciembre del 2006, a Chávez como presidente, para la opinión pública francesa, Caracas dejó de ser tema de actualidad, en gran medida gracias a la pésima comunicación del movimiento opositor.
Una pausa, que tuvo su fin en enero del 2007, cuando los medios parisinos titularon: “Chávez, le sacre autocrate”, la coronación del autócrata, luego que el reelecto presidente venezolano, en su discurso de toma de posesión, anunciara una ráfaga de nacionalizaciones, junto a su deseo de ser reelecto de manera indefinida. Luego vino el otorgamiento de plenos poderes, situación ésta, que encendió las alertas de las salas de redacción de los medios galos.
Prestos a cubrir la escalada autoritaria del régimen de Hugo Chávez, el cierre de RCTV no los tomó por sorpresa. Para la influyente opinión pública francesa, en mayo del 2007, Chávez obtenía los galones de autócrata. “La venganza fría de Chávez”, “Censura a la Chávez”, fueron algunos de los títulos de prensa que sirvieron para describir la orden de desaparición de RCTV emanada por Chávez. “Más allá de los argumentos administrativos o legales invocados por el presidente, es un duro golpe contra la libertad de expresión en Venezuela”, editorializó, el vespertino Le Monde.
Los enviados especiales de los medios galos, que en estas últimas semanas han estado reportando desde Caracas, han abordado temas como la importación de gasolina —tema tabú dentro de Venezuela—, la indignación de los cineastas locales ante la multimillonaria ayuda que recibiera el actor norteamericano Danny Glover, las protestas estudiantiles, los buenos negocios de la familia Chávez, la “boliburguesía”, la carrera armamentista de Chávez financiada por el Fonden y el aumento de sueldo a los militares.
Dicho esto, desde Caracas, se podría pensar que Francia descubre a Chávez con 8 años de atraso. No obstante, desde el punto de vista de imagen y de forjamiento de opinión, se trata de una muy mala situación, casi irreversible, para la imagen internacional de Hugo Chávez. Un perfil, en cuya promoción y conservación, se gastaron millones de dólares, pero que —parafraseando a Petkoff— chacumbele se encargó de destruir.
Crisis de imagen y de comunicación, en el régimen de Chávez, que no está pasando desapercibida desde París, donde tiene sede una de las más grandes cajas de resonancia mediática. Al tiempo que, en lo político, para el régimen bolivariano es una desventaja, el que Francia sea miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, así como también pilar fundamental de la Unión Europea.
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