
Chávez está deseoso de entrar en Hollywood. Su megalomanía se lo exige. Ya lo intentó al coquetear con Oliver Stone para hacer un film sobre el 11 de abril de 2002. Después del fiasco de Comandante, Stone ha preferido medir mejor sus próximos pasos. Eso de hacerle una película a Fidel y luego a Chávez es demasiado. Sobre todo porque Comandante no fue bien recibida ni por la crítica ni por el público. Ahora surge la figura de Glover, mucho menos importante que Stone en el panorama del cine mundial.
Dicho de otra forma: con esa cantidad se prodrían financiar completamente 17 largometrajes venezolanos, a razón de un millón de dólares cada uno, cifra promedio de nuestras producciones, con realizadores, técnicos, actores y personal venezolano. Salvo dos o tres voces —Franco de Peña, Thaelman Urgelles, Jonathan Jacubovich— no he escuchado opiniones críticas frente al despojo de un dinero que debería destinarse al esfuerzo de tantos cineastas venezolanos que han luchado y seguirán luchando por construir un cine nacional digno y poderoso.
La Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC) de Venezuela anuncia una asamblea extraordinaria donde, entre otros temas, se discutirá "la situación por el dinero otorgado al Sr. Danny Glover". Espero que nuestros cineastas, en esta hora aciaga para la libertad de expresión en Venezuela, alcen su voz de protesta.
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